Declaración ante los últimos comicios en EEUU. Esta vez no daba lo mismo quién ganará las elecciones 2016 en EEUU

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Con sorpresa e incredulidad observó el mundo la victoria de Trump. El pueblo norteamericano asombró a todos.

La prensa burguesa, en todas las latitudes, se ha encargado de presentar a Trump como el “loco”, el “mentiroso”, el “hombre con dos dedos de frente”, el “rabioso racista, islamófobo y misógino”. En cambio a la afamada Clinton, se la ha mostrado -sonriente, bien maquillada siempre y angelical- como la justiciera de las mujeres, la mujer ecuánime, la que iba a ser la primera mujer presidente de EEUU y que así cambiaría la historia de ese país, la mujer sabia e inteligente. (Un tipo de venta de imagen que ya conocimos hace un par de años atrás cuando el actual presidente premio nobel de la paz Obama estuvo de candidato, que paz sí trajo en forma de cientos y miles de muertos. Qué gran paz al caminar por un cementerio.)

No es casualidad que la prensa burguesa colocara todos los imaginables dardos contra Trump, desde la utilización de fotos en que figura como un loco desquiciado hasta el haber sacado a luz pública viejas grabaciones con no muy felices declaraciones suyas.

De los 500 periódicos más grandes de EEUU, 475 apoyaron a H. Clinton y 25 a D. Trump.

La prensa burguesa habla por las oligarquías nacionales, especialmente aquellas imperialistas. Y esas oligarquías están sedientas de guerra. Sus razones son profundas: la tasa decreciente de ganancia está acercándose peligrosamente al 0% y el endeudamiento estatal de los cuatro Estados más poderosos e imperialistas del mundo, los centros financieros -EEUU, Gran Bretaña, Francia y Alemania-, ha alcanzado cifras de insolvencia plena. ¿Qué otro poder, sino una guerra total a enorme escala contra Rusia y China y todo el campo bajo su influencia, sería capaz de salvar a las oligarquías de su crisis?

Necesitan una guerra contra Rusia y China, pero también contra Irán y Corea del Norte y tantos otros Estados y naciones, para apoderarse de los recursos naturales, adquirir mano de obra barata, apoderarse de nuevas vías de comercio y -claro está- colocar sus inimaginablemente cuantiosos recursos financieros, actualmente estancados, en movimiento.

Ellos quieren guerra. Y la Hillary Clinton se la iba a dar. Su currículo como promovedora de la muerte en el cargo de Ministra del Exterior del Presidente premio nobel de  la paz, Obama, es larguísimo. Ella trabajó para derrocar a Gadafi en Libia cuya muerte celebró con una simpática carcajada. Ella es nexo político y económico de EEUU con las Monarquías del Golfo. Ella es casi directa propulsora del hoy temido Estado Islámico. Ella es corrupta y sus transacciones de compra de influencia solamente pueden expresarse en millones en dólares. Ella es pieza principal en la aceleración de la expansión hacia el oriente de EEUU y de la colocación de mayor cantidad de tropas estadounidenses en todas las regiones de la tierra. Ella es pieza clave de la guerra en Siria. Ella sostiene y amplía la política genocida  de Israel contra el pueblo de Palestina y su heroica lucha por la libertad y soberanía. También su rol en Ucrania es fundamental. En resumen, toda la política exterior belicista de EEUU de Obama pasaba por el escritorio de la sonriente Clinton. Muerte reparte pero, hay que reconocerlo, con un bien logrado maquillaje.

NO daba lo mismo que ganara la belicista, corrupta y representante de los intereses de la peor de todas las oligarquías del mundo, esa mujer llamada Clinton, o un empresario emergido de la nada, financiado con recursos propios y de ningún grupo de la oligarquía norteamericana, que incluso se fue contra los grupos de poder de su propio partido y esto NO significa mas que lo que fue, una derrota al guerrismo, que para que no se trunque, los pueblos y trabajadores de EEUU y del mundo deben cuidar e impedir que Trump retroceda o se acomode de una a la oligarquía imperialista.

Como Partido Comunista Chileno (Acción Proletaria) rechazamos la propuesta política de Trump ante los inmigrantes ilegales de EEUU. Sin embargo, ese problema lo deben y pueden solucionar los norteamericanos, los inmigrantes, los trabajadores de ese país. A ellos todo nuestro apoyo y deseamos que sean victoriosos en la lucha por la legalización de los inmigrantes ilegales. Ningún ser humano honesto, en ninguna parte de la tierra, debe ser ilegal.

Como Partido Comunista Chileno (Acción Proletaria) rechazamos, categóricamente y decididamente, la propuesta política de Trump en relación a América latina y el Caribe. Pero este tema lo debemos solucionar nosotros, los latinoamericanos y caribeños, en conjunto, especialmente aumentando y fortaleciendo la solidaridad con aquellos países que hoy representan el progresismo y las ideas de socialismo en la región, en especial con Cuba. ¡Rechazamos todo recrudecimiento de las relaciones de EEUU contra Cuba! Nos sumamos a todas las demandas históricas que Cuba ha reclamado: Eliminación del bloqueo económico contra su nación, regreso de la Bahía de Guantánamo a Cuba, reconocimiento del proceso de nacionalización posrevolución como derecho pleno e irrevocable, negociaciones sobre la responsabilidad de los EEUU en los monstruosos daños del bloqueo económico sobre la economía cubana y los debidos reparos.

Sin embargo, no obstante nuestra disidencia con el empresario Trump, que como tal no busca modificar el modo de producción burgués norteamericano, consideramos positivos los siguientes anuncios:

 

 

  • no continuar con el financiamiento de la OTAN y la política belicista y expansionista hacia el oriente de EEUU (el punto por excelencia);
  • entrar en conversaciones con Rusia y China, sobre la base de relaciones comerciales y no continuar la política de cercamiento de ambos países que ha colocado a la humanidad ad portas de una tercera guerra mundial;
  • retirar las tropas estadounidenses de Corea del Sur, Japón y del Medio Oriente y, de ser posible, incluso aquellas estacionadas en Europa;
  • no seguir apoyando a los extremistas en Siria, quienes apenas hubo ganado Trump, declararon temer por su propia supervivencia, en cambio propone levantar una cooperación estratégica con Rusia en contra de esos grupos;
  • dialogar con Rusia en lo que refiere a la Ucrania, lo que significaría que el gobierno anti-ruso, golpista y fascista de ese país, y los gobiernos fascistoides de Polonia y de los Estados Bálticos, perderían el apoyo de Washington;
  • su oposición al TTIP y prometió finiquitar con el NAFTA porque de este último no se vieron beneficiados los trabajadores y empleados públicos, sino los grandes consorcios;
  • fomentar políticas proteccionistas, como por ejemplo, levantar derechos aduaneros con el fin de promover la industria nacional y evitar que las grandes corporaciones sigan moviendo sus industrias hacia países con mano de obra más económica.

 

 

En palabras sucintas, Trump es el primer candidato a presidente en EEUU que gana las elecciones presidenciales proponiendo no seguir malgastando recursos nacionales en la OTAN.

La propuesta anunciada por Trump, si la logra plasmar, es la que hoy la clase trabajadora y los pequeños empleados públicos de ese país necesitan . Y el resto del mundo también.

Dice la prensa burguesa, que fueron los “tontos” los que votaron por Trump. No fue así. El casi 57% de los inscritos votó, o sea, casi 132 millones de los votantes. De ellos, casi todos los votantes pertenecientes a la burguesía votaron por Clinton y casi toda la proporción perteneciente a la clase trabajadora votó por Trump. Los trabajadores norteamericanos están hartos de la inmunda política de su Estado, que todo lo contrario de beneficiarlos, les empobrece cada vez más. En menos de 10 años aumentaron los pobres en EEUU de unos 20 a algo más de 50 millones de personas.

Como Partido Comunista Chileno (Acción Proletaria) no confiamos en Trump como individuo, ni en sus intereses de clase. Hay que esperar y observar si no le elimina o absorbe la máquina de la oligarquía. El se puede doblegar o simplemente no se le permitirá gobernar. Ya al día siguiente de la elección de Trump, aparecieron manifestaciones desestabilizadoras de la paz interna de un par de centenar de personas. A la misma vez han comenzado algunos personeros a emplazar a Trump, por diferentes medios de comunicación de forma pública, que aclare lo antes posible su posición ante la OTAN. Serán los próximos tres a seis meses que podrán darnos una clara imagen de cómo se desarrollará el gobierno de Trump y su política exterior. No obstante ello, el solo hecho de que asumiera la presidencia Trump y no Clinton significa un descanso momentáneo.

Pero confiamos en los trabajadores y empelados públicos de EEUU que nos sorprendieron votando esta vez unánimemente a favor de una política no belicista y por una política de carácter proteccionista. Ellos, en su conjunto, mujeres, hombres, blancos, negros, con pasado de inmigración, etc. han mostrado su cansancio ante la política belicista, militarista y expansionista de su Estado. No votaron conscientemente, moralmente, contra una guerra. Votaron por su cada día más precaria situación económica. Votaron por cansancio. Votaron para que los recursos no se desvanezcan en soldados estacionados en recónditos lugares del mundo, mientras no hay dinero para mejorar la infraestructura pública nacional, especialmente de hospitales; mientras están quedando sin casas; mientras las escuelas se van cresta abajo; mientras las calles se perforan con orificios y se llenan de delincuentes; mientras hay enormes zonas en las urbes en que no se vende ni una sola fruta o verdura. Votaron porque simplemente algo les huele mal. Y ese algo, es el peligro inminente de una tercera guerra mundial, que ellos financian empobreciendo para ver enriquecer a otros.

Con todo sabemos y nadie puede olvidar, que   sólo el fortalecimiento de las ideas progresistas, de soberanía nacional, anticapitalista y antiimperialistas, es decir, las ideas del socialismo, serán las que aseguren realmente que el pueblo norteamericano, no sea usado por charlatanes y populistas, que no hacen más que seguir asegurando la permanencia en el tiempo de una gran superpotencia  por encima de los demás pueblos del mundo.

Con la sonriente criminal de Clinton… ¡hubiéramos caminado directo a la confrontación militar a gran escala!, lo que sería una catástrofe. Si la primera guerra mundial fue horrible, la segunda quedó fuera de todo lo por el ser humano imaginable: cámaras de gas, canibalismo de sus prisioneros de guerra por los japoneses, lámparas de piel humana y un océano de muertos. Una tercera guerra mundial puede significar el fin de la civilización de vastas regiones del mundo, o de toda ella.

Para este momento histórico no hay algo más importante que parar la tercera guerra mundial.

Confiamos que los trabajadores de ese país vayan aumentando la presión sobre sus gobiernos. Nos sorprendieron con la elección de Trump, no por él, sino por el carácter de sus promesas. Podemos esperar a partir de su organización y lucha,  que nos volverán a asombrar.

Tenemos la esperanza de que ese descontento se expande a Gran Bretaña, Francia y Alemania. En que cada vez más personas están también asqueadas de la política imperialista de sus Estados.

Los comunistas estamos por la paz, una paz real, justa y duradera y por ello felicitamos al pueblo norteamericano, estamos con él cuando dice:

 

¡SÍ AL TRABAJO, A HOSPITALES, A PUENTES Y CALLES,

A VIVIENDA, A ESCUELAS,

Y

NO A LA POLÍTICA DE GUERRA DE EEUU!

¡Nos sumamos a ese llamado!

 

 Comité Central

 Partido Comunista Chileno (Acción Proletaria) PC(AP)

Santiago de Chile, 12 de noviembre 2016

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